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Los aportes teóricos de Val Plumwood y Karen Warren indican que el pensamiento dualista es un factor determinante de la crisis ecológica. El pensamiento dualista es el resultado de un proceso sociohistórico con profundas raíces en la filosofía aristotélica y afirmado en la filosofía cartesiana y kantiana. Consiste en la construcción de esquemas mentales de oposición binaria a través de los cuales se mantienen estructuras de poder y de subordinación. En este sentido, se establecen relaciones jerárquicas donde la razón se contrapone a la emoción, la cultura a la naturaleza y el hombre a la mujer. Este tipo de pensamiento genera diversas concepciones sobre la naturaleza que distorsionan nuestras relaciones distributivas y legitiman la injusticia (Plumwood, 1999).
A continuación se describen las concepciones sobre la naturaleza identificadas por Plumwood (1999):
Es una forma de separación que enfatiza y exagera las diferencias entre las especies ignorando o minimizando las semejanzas entre ellas. Esta forma de concebir la naturaleza engendra el problema de la discontinuidad, según el cual los seres humanos se contemplan a sí mismos como individuos hiperseparados del mundo natural en vez de reconocer que hacen parte del mismo.
Considera que los miembros de una clase son homogéneos y por lo tanto reemplazables. En palabras de Rolston (1992 p.139) “las especies también tienen derecho a la vida… y es más importante proteger esta vitalidad que proteger la integridad individual.” Por lo tanto la homogeneización subestima la complejidad de la naturaleza al subordinar al individuo a su especie.
La dependencia de los seres humanos a la naturaleza es negada sistemáticamente y representada como el fondo del progreso tecnológico. Al respecto, Susan Griffin (en Palmer, 2000) razona que del mismo modo en que el niño busca independizarse de su madre quien tiene al mismo tiempo el poder de alimentar y el poder de abandonar, el ser humano adulto rechaza la dependencia a la naturaleza creando una cultura construida sobre el miedo a la conexión que paradójicamente resulta en la dominación del medio ambiente.
Las características que diferencian a los humanos de las especies no-humanas son consideradas como deficiencias en vez de ser contempladas cono señales de extraordinaria diversidad. Las plantas y los animales son evaluados en función de la ausencia de cualidades consideradas como esenciales en las personas.
La naturaleza carece de agencia propia, por lo tanto sirve a los propósitos del humano colonizador que la explota sin límites. Desde esta concepción, la ética y la moral no tienen relación con lo natural (falacia naturalista). La naturaleza simplemente es y no posee valor objetivo. En contraste, Rolston (1992) destaca la capacidad de autosostenimiento como una fuente de valor intrínseco y Mathews (1993, p. 126) describe el valor intrínseco de un determinado organismo como “una función dual de su relativa autonomía o poder de autosostenimiento, y de su interconexión o dependencia de otros.”
Como alternativa al self egoísta que elabora las concepciones anteriores, se ha planteado el concepto de self ecológico que intenta resolver el problema de la discontinuidad.
El self ecológico integra el self físico con el self que se identifica con la ecoesfera. Según Winter y Du Nann (2004, p.193) “experimentamos nuestro self ecológico cuando sentimos la conexión entre nuestro self y otras personas, otras formas de vida, ecosistemas o con el planeta.” Bragg (1996, p.193 en Winter y Du Nann, 2004) ha sugerido que el self ecológico posee tres dimensiones: Cognitivo: una sensibilidad elevada hacia la información sobre el bienestar de otras personas, especies y ecosistemas.
Emocional: sentimientos de simpatía, cuidado, empatía y pertenencia hacia otras personas, especies y ecosistemas.
Motivacional: preocupación e intención por asegurar el bienestar de otras personas, especies y ecosistemas.
A su vez el self ecológico es conceptualizado de distintas maneras (ver Cuadro 1). Plumwood (en Davion, 1994) identifica el self indistinguible, el self expandido y el self trascendente. Por otro lado, Gruen (1994) describe el self situado.
(Cuadro 1) | Tipos de self ecológico | Características | | Self indistinguible | Se encuentra fundido con la naturaleza, de tal forma que no existe una bifurcación entre el ser humano y las demás especies. Aunque resuelve el problema de la discontinuidad, falla al ignorar las diferencias que recrean la biodiversidad. | | Self expandido | La empatía es la fuente de la identificación del self con la naturaleza. Plumwood critica este concepto de self al explicar que es otra forma de expresión del egoísmo que trata de expandir la noción del interés propio al incluir los intereses de los seres no-humanos en vez de cuestionar las estructuras del egoísmo posesivo. | | Self trascendido | Se encuentra separado de las preocupaciones particulares del ser humano para expandirse en un self más grande en el cual se superan los intereses de cualquier individuo. | | Self situado | Explora constantemente su relación con otros y con el mundo. Reflexiona sobre cómo estas relaciones lo configuran y viceversa. Cuestiona la legitimidad de la definición cultural dominante, acepta el pluralismo y contextualiza o sitúa los principios universales. | Aunque los conceptos descritos con anterioridad han sido elaborados desde la filosofía, su dimensión psicológica es indiscutible, principalmente en los aportes teóricos de Plumwood y Warren quienes destacan el rol de las emociones en el juicio moral y en el cuidado ético del medio ambiente. Estos conceptos ayudan a integrar los fenómenos psicosociales y los fenómenos ambientales dando como resultado una visión de la crisis ecológica que tiene como punto de origen el comportamiento y el pensamiento humano. Desde esta perspectiva las soluciones prácticas basadas únicamente en el avance tecnológico son intervenciones paliativas para afrontar esta crisis, mientras que las reformas políticas, culturales y socioeconómicas van más allá al desafiar los estilos de vida y las prácticas de producción y consumo actuales que generan una progresiva degradación del planeta y de todos sus habitantes.
Referencias
Davion, V. (1994) Is Ecofeminism feminist? En Warren., Ecological Feminism. USA: Routledge, (pp. 8-28).
Mathews, F. (1993) Ecological Self. Florence, KY, USA: Routledge.
Palmer, J. (Ed.) (2000) Fifty Key Thinkers on the Environment. London: Routledge.
Plumwood, V. (1999) Ecological ethics from rights to recognition. En Low (Ed.), Global Ethics and Environment (pp. 188-212). London: Routledge.
Rolston, H. (1992) Challenges in environmental ethics. En Copper, D. (Ed.) Environment in question: Ethics and global issues (134-144). USA: Routledge.
Winter, D. & Koger, S. (2004) Psychology of Environmental Problems. USA: Lawrence Erlbaum Associates, Incorporated. 
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