| Patologías del consumo: compra compulsiva y consumo compensatorio |
| Escrito por Jeniffer Ortega | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| jueves, 10 de julio de 2008 | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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¿Quién soy? Este interrogante se relaciona con el concepto de Identidad. La identidad empieza a desarrollarse en la infancia a través del proceso de socialización. En este sentido, la identidad se construye en relación con los demás y con el mundo. Erik Erikson dividió este proceso en ocho etapas, cada una de las cuales se encuentra marcada por un conflicto que debe resolverse. Si el conflicto de cada etapa se resuelve satisfactoriamente el individuo consigue desarrollar virtudes que favorecen su sana adaptación a la sociedad. Por el contrario, si no consigue resolver los conflictos su adaptación será pobre.
La investigación sobre la formación de la identidad ha complementado y superado los aportes de Erikson, sin embargo se considera que algunos elementos de su teoría siguen siendo válidos (Côté y Levine, 2002). James Marcia (1964, 1966 en Côté y Levine, 2002), quien amplió la teoría de Erikson, describió cuatro niveles de identidad a partir de la presencia o ausencia de crisis y compromiso durante la adolescencia. Según la teoría de Marcia, la identidad se consolida cuando luego de haber considerado varias opciones durante un período de crisis el individuo se compromete con una alternativa (compuesta por valores, roles, etc.). A diferencia de las etapas de Erikson, los niveles de identidad descritos por Marcia no son secuenciales y se caracterizan por la elección de un conjunto de valores e ideales, una orientación sexual y una dirección vocacional. La crisis, la elección y el compromiso son conceptos centrales de la teoría de Marcia.
En la actualidad el consumo juega un rol muy importante en la formación de la identidad. Erich Fromm en su libro Tener y Ser describe los peligros del consumismo que comprometen la identidad y la forma como la publicidad comercial destruye el juicio crítico a través de la sugestión. El consumo patológico puede manifestarse a través de la compra compulsiva y el consumo compensatorio. Desarbo y Edwards, (1996 en Sun et al., 2004) encontraron una relación entre la compra compulsiva y el materialismo, la negación, la búsqueda de aprobación, la dependencia, la depresión, la baja autoestima, la búsqueda de excitación, el perfeccionismo y la falta de autocontrol. Valence et al., (1988 en Sun et al., 2004) identificaron correlaciones positivas significativas entre la compra compulsiva y la depresión. Por otro lado, Mowen y Spears (1999 en Sun et al., 2004) hallaron una relación positiva entre la compra compulsiva y la inestabilidad emocional. Un estudio de la Universidad Northwestern demostró que la carencia de poder incrementa la voluntad de un individuo para adquirir productos que simbolicen estatus (Rucker y Galinsky, 2008). Por ejemplo, un individuo puede sentir la urgencia de comprar un artículo costoso con el fin de atenuar el sentimiento de impotencia que le produjo una discusión con el jefe. Sin embargo, el consumo compensatorio sólo genera un alivio transitorio y no resuelve la problemática subyacente. En concreto, se generan formas patológicas de consumo al identificar el éxito, la felicidad y el poder con el acopio de bienes y servicios. Las empresas productoras son conscientes de esto y lo refuerzan a través de la publicidad agresiva para aumentar sus ganancias. Sin embargo, la insatisfacción y el estrés son cada vez más comunes en nuestra sociedad consumista, especialmente en aquellas personas que acumulan deudas con el fin de incrementar sus niveles de consumo. Al respecto, los economistas Herman Daly y Joshua Farley (2004) señalan que las personas intentan equivocadamente satisfacer necesidades inmateriales con bienes materiales. Por consiguiente, la pérdida o escasez de pertenencias les produce inseguridad, ansiedad y frustración mientras que en otros casos la abundancia también provoca estos sentimientos. Entre un número cada vez mayor de jóvenes y adultos es común que la respuesta a la pregunta “¿Quién soy?”, esté de alguna forma determinada por los bienes que adquieren. Contradictoriamente, buscan aprobación y originalidad comprando artículos de producción masiva o intentan compensar vacíos y sentimientos desagradables con objetos cuya utilidad marginal decrece de forma inevitable a pesar de su poderosa proyección simbólica. Las relaciones interpersonales han pasado a un segundo plano en la sociedad de consumo, de tal manera que bien podría reemplazarse el refrán “Dime con quién andas y te diré quién eres,” por la frase “Dime qué consumes y te diré quién eres.” Desde luego, una identidad subordinada al consumo es una identidad frágil que descuida hasta cierto punto la actividad más importante del ser humano: la relación con los demás (Dios, familiares, amigos, vecinos, etc.) consigo mismo y con la naturaleza. Lo anterior se manifiesta por ejemplo, en la generación abundante de desechos los cuales perturban la salud de las personas, de los ecosistemas y amenazan el bienestar de las generaciones futuras. Las formas patológicas del consumo podrían considerarse desde esta perspectiva relacional como expresiones de un egoísmo crónico cuyo tratamiento va más allá de la introyección de normas y de la motivación extrínseca. Tal y como lo expresó Fromm (2005), “el conocimiento empieza con la destrucción de las ilusiones, con la desilusión.” Es imprescindible destruir las ilusiones del consumo para conocer lo que es realmente vital. De igual forma, es primordial la elección consciente de artículos y servicios proambientales y el compromiso con estilos de vida solidarios. Referencias Côté, J. & Levine, C. (2002) Identity formation, agency, and culture: a social psychological synthesis. New Jersey: Lawrence Erlbaum Associates. Daly, H. & Farley, J. (2004) Ecological Economics: Principles and Applications. Washington: Island Press. Fromm, E. (2005) To have or to be? UK: Continuum International Publishing Group. Rucker, D. & Galinsky, A. (2008) Desire to acquire: powerlessness and compensatory consumption. Journal of Consumer Research. Vol 35. Sun, T., Wu, G., and Youn, S. (2004). Psychological antecedents of impulsive and compulsive buying: A hierarchical perspective. In A. Cheema & J. Srivastava (Eds) the Proceedings of the Society for Consumer Psychology 2004 Winter Conference (pp 168-174). San Francisco, CA: Society of Consumer Psychology. Comentarios
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said:
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| Este texto me hizo pensar como joven en la situacion real que persiste en el mundo, todo el tiempo estoy consumiendo cosas que no necesito, desde alimentos hasta ropa o alhajas, es una verdadera pena darse cuenta, pero creo que seria peor nunca hacerlo. Trabajaré de man era personal en no ser carente de lo propio y colmarlo de lo ajeno, mas bien una terapia clinica seria mi mejor consumo por el momento, me aliviaria de muchas deudas y de nuevas prendas inutiles en mi closet. millgracias! |

| considero la identidad una necesidad temporal en el proceso evolutivo del ser. Intuyo un estado en el que se descubre la ilusoriedad del yo, la disolución del ego, la percepción de la propia existencia como un fenómeno impersonal en perpetua transformación. Desde ahí, el conflicto, la contradicción, son imposibles. Es el fin de la desdicha, el regreso a la unidad original con el Todo. Ese es el destino inevitable del humano. Felicitaciones, gocemos de existir... |

| Bueno, definitivamente este articulo es bien interesante y muy al margen de la situación actual del mundo, es increible como las perosnas hoy día vivimos en un consumismo tal que no nos alcanza la vida para sobrellevarlo, mas aun ver como saciar estos impulsos no nos llevan a una felicidad y mucho menos tranquilidad, solo a la compensación, si pero de la culpa, y con esta la preocupación y pare de contar y de allí en adelante si no hay quién pueda, lastima que no nos demos cuenta del reincidente daño que le estamos haciendo a la humanidad. Una invitación a los leyentes a contribuir sanamente con la causa, amar, perdonar, comprender, ayudar, aceptar y comprometerse es un buen cominezo.. saludos |