Las prácticas agrícolas modernas han causado gran parte de la degradación ambiental en el mundo. Lawrence et al., (2004) señalan cinco formas en las que la producción agrícola compromete el medio ambiente:
- La especialización de los cultivos previene el reciclaje ya que los productores con acceso a fertilizantes naturales se ven obligados a comprar fertilizantes artificiales y otros químicos que penetran el suelo contaminando el agua subterránea y otros sistemas acuáticos.
- Pese al desarrollo de aplicaciones químicas para el control de pestes y de variedades de cultivos modificados genéticamente, las plagas desarrollan una rápida resistencia que impone el uso continuado de químicos cada vez más potentes.
- Aunque los fertilizantes sintéticos aumentan la productividad de los cultivos no mejoran la estructura del suelo.
- La producción de fertilizantes sintéticos contribuye al calentamiento global.
- La tala de árboles para la agricultura y el pastoreo ha generado la pérdida del suelo y la salinización de millones de hectáreas de terrenos.
Lawrence et al., (2004) argumentan que las soluciones tecnológicas a estos problemas ecológicos con frecuencia tienen resultados desfavorables y advierten la importancia de analizar las dimensiones sociales de la degradación ambiental teniendo en cuenta que “la agricultura y el manejo de los recursos son actividades inherentemente sociales, basados en clases particulares de relaciones sociales que tienen lugar entre las personas y el ambiente,” (p.224).
En la actualidad el destino de la producción agrícola es incierto. Durante la Revolución Verde entre 1940 y 1960 el suministro de alimentos comenzó a crecer y para la década de los 90’s la producción agrícola abundante disminuyó los precios. Hoy en día los precios de los alimentos han aumentado, en parte debido al uso de terrenos cultivables para la producción de biocombustibles. Por otro lado, los agricultores pobres de países en África, Asia y Latinoamérica no cuentan con los recursos económicos suficientes para adquirir variedades de semillas resistentes al estrés biótico y abiótico que enfrentan sus cultivos y por consiguiente su competitividad se ve amenazada por los mercados subsidiados de los países desarrollados.
El saltamontes marrón se está multiplicando por billones y está acabando con los cultivos de arroz en el este de Asia amenazando la dieta de mucha gente pobre (Bradsher et al., 2008). Lo impactante de esta situación es que según los investigadores del International Rice Research Institute, es posible crear variedades de arroz resistentes a estos insectos pero los recortes presupuestarios les han impedido realizar esta tarea. Para ilustrar la gravedad del asunto, en 1980 el instituto contaba con cinco entomólogos, o expertos en insectos, y 200 empleados. Ahora cuenta con un entomólogo y un grupo de trabajo de 8 personas (Bradsher et al., 2008).
El panorama actual del suministro de alimentos ha despertado el temor de hambrunas endémicas en las próximas décadas como consecuencia de fenómenos climatológicos de naturaleza antropogénica. Según el Reporte de Desarrollo Humano (2007-2008) el número adicional de personas afectadas por la malnutrición podría incrementarse a 600 millones para el 2080. Países en desarrollo en Latinoamérica y Asia sufrirán pérdidas en la producción agrícola amenazando los esfuerzos por reducir la pobreza rural.
Durante mi visita a Bayer CropScience en Monheim, Alemania en otoño del 2007 me llamó la atención lo costoso y prolongado que es el desarrollo de productos para proteger los cultivos. En el caso de Bayer CropScience , el desarrollo de un pesticida toma en promedio 10 años y puede costar aproximadamente 200 millones de euros. El proceso completo, desde la síntesis hasta la evaluación oficial de los documentos para el registro del producto, requiere la integración de procedimientos complejos llevados a cabo en las siguientes áreas: Química, Biología, (Eco) Toxicología y Seguridad Ambiental y del Consumidor. Sin embargo, el reto de estas innovaciones tecnológicas sigue siendo su distribución. Con frecuencia el apoyo financiero de algunas fundaciones es la única ayuda que tienen los agricultores pobres y ello limita su acceso a nuevos productos para el control de pestes. La otra cara del conflicto ecológico distributivo es representada por el acceso y la explotación irregular de las materias primas biológicas y del conocimiento sobre su uso en una actividad que se conoce como biopiratería (Martínez-Alier, 2004).
La ecoagricultura, como alternativa a la producción agrícola industrial, por medio de la diversidad ordenada, la economía cíclica y el control de la erosión biológica, mantiene y mejora la fertilidad del suelo (Glaeser, 2002). Sin embargo, la transición a prácticas más sostenibles requiere dos precondiciones fundamentales: en primer lugar “los grupos, las estructuras y los sistemas sociales deber ser evaluados e implicados en la investigación y en la toma de decisiones,” a través de métodos como “la investigación de la acción participativa, la evaluación rural participativa y la acción-investigación” (ibid., p. 109). Esto es particularmente clave para la solución de conflictos ecológicos distributivos. En segundo lugar, “se debe desarrollar la capacidad para ejecutar e implementar decisiones entre los grupos implicados,” (Redclift, 1992: 257 en Glaeser, 2002: 109).
En concreto se puede considerar desde el punto de vista psicosocial que el desafío enfrentado por la humanidad actualmente va más allá de la internalización de los costos de la degradación ambiental en los procesos productivos (en especial debido a que ciertos costos son difíciles de cuantificar) y demanda la participación de todos los grupos sociales, lo cual es bastante complejo dadas las desigualdades de poder en nuestra sociedad, los intereses y las necesidades particulares de cada grupo.
Las mediciones del AHPPN, de la huella ecológica y otros indicadores del metabolismo económico revelan un conflicto entre el crecimiento económico y la estabilidad ecológica pese a la creencia de que el aumento de los ingresos y la reducción de la contaminación van de la mano como se ilustra en la Curva Ambiental de Kuznets. En otras palabras, el incremento de la riqueza y el progreso tecnológico no garantizan la conservación del medio ambiente, por el contrario pueden desencadenar un efecto Jevons si se descuida la dimensión psicosocial de los problemas ambientales. Un ejemplo de lo anterior es el reemplazo del gas por el carbón en la planta eléctrica de Enel (Rosenthal, 2008). La creciente demanda del aceite y el gas natural ha aumentado los precios de estos combustibles haciendo que el carbón sea relativamente más económico y por lo tanto atractivo para los productores de energía eléctrica, lo cual según el efecto Jevons, es el paradójico resultado del aumento de la ecoeficiencia.
Por consiguiente, ciertos aspectos de la relación entre el ser humano y el medio ambiente que escapan al análisis económico, tales como los roles, las normas y los valores intrínsecos, podrían ser claves en el diseño de políticas ambientales socialmente más incluyentes y contextualizadas.
Referencias
Bradsher, K. & Martin, A, (2008) World’s poor pay price as crop research is cut. The New York Times. URL: http://www.nytimes.com/2008/05/18/business/worldbusiness/18focus.html
Glaeser, B. (2002) Medio ambiente y países en vías de de desarrollo. En Redclift, M, y Woodgate, G. Sociología del medio ambiente: una perspectiva internacional. España: McGraw-Hill. Lawrence, G.; Cheshire, L. & Richards, C. (2004) Agricultural production and the ecological question. En White, R. (Ed.) Controversies in Environmental Sociology. New York: Cambridge University Press. Martínez-Alier, J. (2004) El ecologismo de los pobres: conflictos ambientales y lenguajes de valoración. Barcelona: Icaria editorial, s.a. Rosenthal, E. (2008) Europe turns to coal again, raising alarms on climate. The New York Times. URL: http://www.nytimes.com/2008/04/23/world/europe/23coal.html?partner=rssnyt&emc=rss United Nations Development Programme (2007) Human Development Report 2007/2008. Fighting Climate Change: human solidarity in a divided world. URL: http://hdr.undp.org/en/media/hdr_20072008_en_complete.pdf 
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