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La historia del pingüino PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Val Plumwood   
lunes, 09 de junio de 2008

 

En los 90’s viví por un tiempo en una pequeña cabaña en la costa del Estrecho de Bass en Tasmania. En las mañanas, cuando iba a caminar uno o dos kilómetros por la orilla de la playa, veía los cuerpos muertos de pingüinos azules yaciendo en la playa.

A veces encontraba hasta 20 cuerpos en una distancia relativamente corta. Esto era profundamente perturbador, no sólo porque esos pingüinos son para mí criaturas que inspiran amor, sino porque ahora raramente se encuentran en Australia cuando antes eran muy comunes en mi juventud. Su muerte se atribuye principalmente a perros tanto salvajes como domésticos que matan a los pingüinos cuando éstos se acercan a la orilla por las noches a las madrigueras en las dunas para procrear. Encontré huellas caninas cerca de sus cuerpos, y en la pequeña villa detrás de mi cabaña cada casa tenía uno o dos perros, muchos de ellos libres para vagar por las noches. Me parecía estar viendo aquí el mismo proceso de extinción que en el continente.

Sin embargo, había una historia más grande escondida aquí. Cierto día estando de pie en el borde de una gentil cresta, vi que las olas traían un pequeño objeto. Esperé con los dedos de los pies enterrados en la arena mientras se acercaba hacia la orilla hasta que finalmente llegó a mis pies. Lágrimas corrieron por mi rostro cuando vi que era otro pingüino azul, su cuerpo fresco y sin marcas, como si hubiese acabado de fallecer. Lo que sea que le hubiese pasado a este, sabía que no había sido asesinado por perros.

Llorando, cargué el pequeño cuerpo perfecto y lo llevé a mi cabaña con la esperanza de poder revivirlo. Pero no lo logré. Le di el pingüino a un amigo veterinario que conocí durante una protesta contra la caza de patos y le pedí que le hiciera una autopsia. Una semana más tarde me llamó por teléfono. El pingüino, me dijo, no había muerto por depredación o contaminación, se había muerto de hambre. Le marqué al departamento del gobierno para discutir el asunto pero no encontré ayuda o interés allí. Pronto me enfermé demasiado con un prolongado y debilitante virus por perseverar en el asunto, y tuve que regresar al continente para recuperarme. Pero el pensamiento de ese pingüino aún dispara mi tristeza, no sólo por todos esos pingüinos muertos sino por todas las otras pérdidas aceleradas en la larga narrativa del dominio humano sobre la tierra.

Fue muchos años después que pude reunir más piezas de la historia del pingüino. Granjas de peces situadas a miles de millas a lo largo de la costa meridional del océano de Australia, habían recibido hacía más o menos un año un permiso para importar comida para su salmón de granja hecho de pescado surafricano salvaje. Las restricciones de cuarentena a largo plazo fueron despejadas – Australia estaba en el mercado global ahora y las granjas podían comprar las sardinas surafricanas a un precio fraccionariamente más económico que las sardinas locales.

Las sardinas importadas esparcieron plagas de enfermedad en las reservas locales que carecían de inmunidad, así como los europeos invasores esparcieron enfermedades en las poblaciones indígenas de Australia, América del Norte y del Sur. Olas de muerte regaron la costa meridional del océano, y siguen esparciéndose, en lo cual millones de sardinas locales murieron.

Las sardinas son una parte importante de la red de alimento oceánico. Poblaciones en muchas partes fueron virtualmente aniquiladas, y aquellas criaturas marinas cuya dieta se basaba fuertemente o estacionalmente en ellas, se murieron de hambre. Esa fue probablemente la causa de la muerte de mi pingüino, y seguramente de muchos otros.

Pequeñas historias como estas se encuentran anidadas con historias medianas y largas. La muerte del pingüino de la mano del mercado libre global fue un episodio de mediano grado en una historia más grande, que detecta muchas más catástrofes como esa, causada por asesinos nombrados cada vez con menos frecuencia, pareciendo remotos, nebulosos e inmateriales.

Estos son sistemas más que individuos concretos o clases, formas y patrones de pensamiento y organización, sistemas para ordenar nuestras vidas, elecciones y prácticas, sistemas de formación y distribución de la propiedad. Sistemas de racionalidad como solemos llamarlas.

La historia como la he discernido hasta ahora es esta: fuertemente implicados en la lógica del mercado libre global y la muerte del pingüino, están las formas distorsionadas de la racionalidad humana cuyas reglas simples y abstractas de equivalencia y capacidad de reemplazo no encajan en el mundo real e infinitamente complejo de carne, raíz y red, sobre el cual son impuestas tan rudamente.

La racionalidad, o algunas de sus prácticas, es la villana, no la heroína de esta historia, contrariamente a lo que usualmente se cuenta en estas historias. Sin embargo, no estoy argumentando en contra de la práctica de la razón sino para encontrar mejores formas de razonar que serán no menos racionales en el estado actual del mundo.

La razón ha sido capturada por el poder y convertida en un instrumento de opresión, debe ser reconstruida como un instrumento para la liberación.

__________________

La historia del pingüino, por Val Plumwood. De su libro Environmental Culture: the Ecological Crisis of Reason en el capítulo: "Environmental Crisis of Reason" – Crisis Ambiental de la Razón. 

La Dra. Val Plumwood fue una importante ecofeminista que inició su trabajo sobre filosofía ambiental a principios de 1970.

Según Plumwood (2002) los problemas de los occidentales con el mundo natural deben entenderse en el contexto de una problemática de dualismos que podemos rastrear hasta el pensamiento de los griegos. En este sentido, la crisis ambiental debe ser vista como una crisis de la razón concebida en oposición a las emociones.

Las relaciones del mundo occidental se han establecido de acuerdo a los dualismos humanos-naturaleza, mente-cuerpo, razón-emoción, masculino-femenino, civilizado-primitivo. El resultado de ello ha sido el establecimiento de la lógica de la dominación y el problema de la discontinuidad (Plumwood, 2002).

La lógica de la dominación consiste en atribuir la cualidad de superior a uno de los polos del dualismo y otorgarle por consiguiente el derecho a dominar sobre el polo inferior. En el caso del dualismo humanos-naturaleza, la lógica de la dominación se materializa en la “presunción moderna de la naturaleza-materia que se debe explotar sin límites,” (Goux, 2006). La naturaleza, desprovista de razón, se convierte entonces en un instrumento para el bienestar humano y por lo tanto constituye el polo inferior del dualismo.

El dualismo humanos-naturaleza, corresponde a lo que Plumwood (1999) llama “hiperseparación” y el “problema de la discontinuidad”, según el cual existe una dificultad en ver a las personas como “parte de” la naturaleza, con lo cual se acentúa la dicotomía de lo humano y lo natural adoptando éste último una calidad inferior.

En un intento por superar el problema de la discontinuidad, los promotores de la Ecología Profunda ofrecen un concepto de self que se identifica con la naturaleza y es indistinguible de ella, (Davion, 1994). Al respecto, Plumwood (1999, p.155) arguye que “la homogeneización conlleva a una seria subestimación de la complejidad e irremplazabilidad de la naturaleza.” Plumwood (1999) explica que en nuestra cultura androcéntrica las diferencias son contempladas como signos de inferioridad y son la base para el establecimiento de jerarquías. Sin embargo, mantiene que las teorías éticas basadas en la unidad no pueden proveer una modelo para el ajuste mutuo, la comunicación y negociación entre partes diferentes y por lo tanto no ayudan a construir relaciones éticas.


Referencias

Davion, V. (1994) Is Ecofeminism feminist? En Warren., Ecological Feminism. USA: Routledge, (pp. 8-28).

Goux, J. (2006) ¿Hacia una frivolidad de los valores? En Bindé: ¿Hacia dónde se dirigen los valores? México: Fondo de Cultura Económica, (pp. 87- 93).

Plumwood, V. (1999) Ecological ethics from rights to recognition. En Low (Ed.), Global Ethics and Environment. London: Routledge, (pp. 188-212).

Plumwood, V. (2002) Environmental Culture. USA: Routledge.

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